¡Nuestra comida es envenenada por los pesticidas!

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Los pesticidas envenenan nuestra comida

Cualquier alimento que prevea nuestro menú, nosotros ingerimos algo que no hemos programado: una dosis desconocida de sustancias tóxicas químicas.

 

En la agricultura convencional, para producir más y para conseguir rentas siempre mayores, se usan sustancias químicas tóxicas (pesticidas, herbicidas, insecticidas y abonos químicos) que están generando consecuencias muy dañinas para los animales, el entorno y la salud del hombre.

Los pesticidas, llamados también fitofármacos, se utilizan en la agricultura convencional para combatir los insectos que perjudican los cultivos, además se usan en gran cantidad durante el transporte y durante la permanencia de los productos alimenticios en los almacenes y en los depósitos.


Los pesticidas causan graves daños al sistema nervioso y paralizan no sólo los procesos vitales en los insectos, pero también en el hombre.

La historia de los pesticidas químicos remonta a los años 40, cuando fue producido e introducido en el mercado el DDT, un insecticida que fue muy utilizado en la agricultura. En los años 50, las dosis de uso del DDT y otros insecticidas aumentaron hasta tres veces por la aparición de insectos resistentes a su empleo. Ya en los años 60 en América se produjeron 300.000 toneladas de insecticidas cada año. Estos han sido usados, sin ningún criterio, contra los insectos del trigo u otros cultivos, pero también contra hormigas, moscas, mosquitos, mariquitas, etcétera.

En 1962 fue publicado en los Estados Unidos el libro de la bióloga Rachel Carson “Primavera silenciosa”, un análisis panorámico del daño que los pesticidas químicos estaban causando al entorno, a la fauna y a los seres humanos. El libro denunció el DDT como causa del cáncer y además nocivo para la reproducción de los pájaros en los que disminuyó el espesor de la cáscara de los huevos. La bióloga Carson refiere que en Michigan, algunos días después de una nevada de polvo antiparasitario sobre 11.000 hectáreas de terreno, fueron encontrados pájaros muertos como consecuencia de la ingestión de gusanos e insectos intoxicados por el DDT. También animales como conejos, ardillas y gatos, desaparecieron y los que sobrevivieron quedaron estériles. El libro causó clamor en la opinión pública y empezó el movimiento ambientalista.

Entre los años 70 y los años 80 el DDT fue prohibido en la mayor parte de las naciones desarrolladas, pero no en los Países del Tercer Mundo dónde todavía hoy el DDT se utiliza en agricultura por lo que todos los productos alimenticios procedentes de aquellas regiones, nos llegan contaminados. El DDT fue reemplazado por otros pesticidas sintéticos, en particular por los organofosforados, también estos muy dañinos para la salud de los animales y los hombres. Los pesticidas ahora están presentes en toda la cadena alimenticia, también en el plancton y en los peces del océano Ártico.

DAÑOS A LA SALUD

Los pesticidas químicos han sido creados justamente para ser tóxicos, para matar a los parásitos de las plantas. En su libro “Salven vuestro cuerpo”, la Dra. Kousmine menciona un episodio que nos hace comprender la peligrosidad de estas sustancias: un obrero, mientras preparó una solución de PENTACLOROFENOL, hizo caer por equivocación una herramienta de trabajo en el recipiente que contenía la solución, para recobrar la herramienta, metió la mano y el brazo en el líquido. A pesar de que fue a lavarse enseguida después, murió al día siguiente.

Pesticidas y herbicidas se acumulan en las glándulas endocrinas que, siendo ricas en grasas, son el blanco preferido de las sustancias químicas; estas se acumulan y quedan en estos órganos por años, provocando desequilibrios hormonales que repercuten en todo el organismo. Por ejemplo el desequilibrio del páncreas, una de las glándulas endocrinas, puede provocar molestias diabéticas mientras el desequilibrio de las glándulas suprarrenales, que regulan con sus hormonas la vitalidad del organismo, procuran como síntomas: cansancio, escasa adaptabilidad a situaciones estresantes, tensión.

También las glándulas reproductoras, testículos y ovarios, ricos en lípidos, favorecen la concentración de los pesticidas. Esto comporta una notable reducción de la fertilidad, tanto en los hombres como en las mujeres. De una investigación del instituto de Fisioterapia de la Reproducción de la Universidad de Pisa emergió que estrógenos y pesticidas son la causa de una drástica reducción de los espermatozoos en los jóvenes y adultos de hoy. La acumulación de pesticidas en los ovarios puede causar quistes ováricos y alteraciones del ciclo menstrual en las mujeres. La asociación italiana “Endometriosi” desde hace tiempo denuncia los enlaces cada vez más evidentes entre la presencia de pesticidas y la difusión de esta enfermedad que en Italia comprende el 4% de las 10.000 hospitalizaciones femeninas anuales. También el hígado, los riñones y el sistema nervioso son sede de acumulación de pesticidas que, con el tiempo, causan daños irreparables.

La Iarc (International  agency  for  research  on cancer–  agencia internacional para la investigación del cáncer) de Lyon, después de un estudio sobre los pesticidas y los herbicidas ha concluido que muchos de estos son cancerígenos. Los pesticidas también pueden causar variaciones en el embrión o en el feto y en las características hereditarias del individuo. Los compuestos organofosforados y el formaldehído pueden causar enfermedades alérgicas, en particular las de la primera infancia, rinitis, conjuntivitis, dermatitis y asma bronquial son los síntomas más comunes de alergias, que están en notable aumento en estos últimos años justo a causa de la maciza presencia de pesticidas en las comidas. El problema de la violencia en los chicos en edad escolástica, más allá de los factores familiares o de estilo de vida, también se asocia a la acción de los pesticidas sobre las glándulas endocrinas, en particular la tiroides.

Existe una normativa que fija la “dosis máxima permitida” restos de pesticidas en los alimentos, establecida sobre la base del principio que, por cada sustancia tóxica, es posible establecer una cantidad que no perjudica al organismo. Este principio es científicamente muy discutible, porque no tiene en cuenta a largo plazo los efectos de los pesticidas, ni del fenómeno de la acumulación de las sustancias tóxicas en los órganos, que produce no siempre efectos previsibles.

No nos olvidemos que los niños están más a riesgo: en efecto la cantidad de comida que asumen en relación a su peso es mayor con respecto de la relación comida-peso de un adulto. Además el sistema inmunitario de los pequeños todavía es inmaduro y la capacidad de reaccionar a los agentes tóxicos y de eliminarlos es reducida. Según datos recogidos por el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales (NRDC), cada año de 5 a 6 mil individuos en los EE.UU. se enferman de cáncer por haber asumido pesticidas a través de la fruta y las verduras consumidas en los primeros años de vida.

EL ASÍ LLAMADO “UMBRAL DE TOXICIDAD”

Cuando se fija por ley la cantidad máxima de un veneno permitida en un alimento para poderlo consumir sin peligro, se descuida un principio científico importante: que concierne la definición del umbral de toxicidad. Los estudios hechos por los investigadores Druckey y Schmahl, citados por Claude Aubert en “Agriculture biologique“, París, 1977, han llegado a la siguiente conclusión, que va contra la opinión común de los científicos: si con una cantidad diaria de sustancia tóxica se provoca el cáncer en una cobaya en unos 250 días, cuando se reduce de 30 veces la cantidad diaria, el cáncer aparece después de un período más largo, 900 días. El dato asombroso es que la cantidad total de producto tóxico suministrada en el primer caso es de 850 mg, mientras en el segundo caso es de 90 mg. ¡Casi un décimo! Esto significa que si se disminuye la cantidad de veneno diario, se enferma más tarde, pero con una cantidad total muy inferior. ¿Entonces qué sentido puede tener establecer un particular valor mínimo de veneno, es decir un umbral de toxicidad? No tiene ningún sentido, porque a una dosis diaria más baja corresponde una dosis total letal más baja.

Para ser más claros damos un ejemplo simplificado. Si para morir hace falta un vaso de un determinado veneno tomado de una vez sola, en caso de que solo beba del mismo una cucharita al día, no se morirá después de haber asumido el equivalente de un vaso, sino después de haber asumido un cuarto de vaso. Aplicando este principio a los restos de pesticidas que quedan en los alimentos, es evidente que también las pequeñas dosis admitidas como inocuas por la ley tienen un efecto dañino, en tiempos largos, pero con cantidades muy pequeñas. Esta es la razón de por qué no es suficiente que los alimentos tengan pocos pesticidas, no tienen que tener nada de pesticidas. (Fuente: Peligrosidad de los pesticidas www.mednat.org)

Además ha sido probado que las sustancias químicas reaccionan en sinergia cuando se mezclan entre ellas. Algunos investigadores del Center for Biomedical Research han descubierto que dos sustancias químicas débilmente estrógenas, si se unen, se vuelven 1.600 veces más potentes. También los pesticidas como el Malathion y otros organofosforados, si se suministraran simultáneamente, se revelan 50 veces más tóxicos.

Es sin embargo una regla difusa por parte de los productores aplicar muchas sustancias químicas sobre el mismo producto: una retracción para rodear los límites permitidos para cada sustancia individual. Lo confirman los datos provistos por los laboratorios públicos provinciales y regionales relativos a los análisis realizados en el curso del 2006, (publicados por Legambiente en el expediente “Pesticidas en el plato 2007″), han sido encontrados 5 o más pesticidas en campeones de manzanas, peras, duraznos, fresas, uva, aceite de oliva, analizados en varias regiones italianas. Eligiendo frutas y hortalizas en los tenderetes del mercado o en los bancos del supermercado, nos llevamos a casa justamente las manzanas, las naranjas, los pimientos, las zanahorias, las alcachofas, la lechuga, con una bonita carga de herbicidas, antiparasitarios, fungicidas y abonos químicos. Una manzana al día puede ser muy dañina, si no es biológica.

LOS ADITIVOS QUÍMICOS

También los aditivos químicos, que se añaden a menudo a los alimentos, colorantes, aromatizantes, emulsionantes, estabilizadores, espesativos, antimicrobianos, etcétera, pueden constituir una amenaza para la salud humana, ya que también son tóxicos y por lo tanto dañinos para la salud.

Es difícil localizar y cuantificar los daños que pueden derivarnos del consumo de comidas que contienen aditivos, también por su número y su gran difusión.

Solo para dar un ejemplo: el anhídrido sulfuroso se encuentra en numerosas preparaciones alimenticias:  ¡hortalizas en aceite o vinagre, vino, vinagre, bebidas sin alcohol, cerveza, mermeladas, harina, fruta y setas secas, y muchos otros! ¡Además ésta a menudo se usa solo para volver las comidas más bellas! (para disfrazar a lo mejor la mala calidad de las materias primas. Un estudio realizado por la Universidad de Southampton (Gran Bretaña) bajo solicitud de la agencia británica de control sobre las comidas (FSA), publicado en la revista The Lancet, ha demostrado que aditivos, conservantes y colorantes, contenidos en bebidas y bollos, helados, golosinas, chewing-gum pueden provocar hiperactividad y déficit de la atención en los niños.

Para no exponerse al riesgo de ingerir sustancias tóxicas, un número siempre mayor de personas consume productos comestibles consiguientes de cultivos biológicos-ecológicos que excluyen el uso de herbicidas, pesticidas, abonos químicos y OGM, Organismos Modificados Genéticamente. La elección de nutrirse con alimentos ecológicos permite en efecto evitar los daños que las sustancias químicas producen en nuestro organismo proveyendo a nuestro cuerpo todas las sustancias nutritivas necesarias para mantener la salud.

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Fuentes: 

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